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Energía y sociedad

La energía es imprescindible para el crecimiento de nuestra sociedad y el desarrollo económico, pero también lo es para la cotidianidad de las pequeñas labores diarias. Son muchos los aspectos a considerar.

Tanto es así que, como ocurre con todas las cuestiones relacionadas con el ser humano, puede tener diferentes visiones al respecto, diferentes caras. Contrapuestas, complementarias y, en muchos casos, contradictorias.

 

Consumo de energía

En los últimos 100 años el consumo de energía ha aumentado de forma constante, en la medida en que el nivel de vida de nuestra sociedad ha crecido. No se puede entender la sociedad del bienestar sin consumo energético. Las costumbres de consumo actuales tienen, a su vez, consecuencias en diversos ámbitos.

A modo de ejemplo, del mismo modo en que vemos natural nuestro transporte diario, éste tiene su impacto en la economía y en el medioambiente, ya que requiere de la existencia de prospección y producción de la energía, de cadenas de suministro y de redes de consumo que pasan desapercibidas para nosotros.

La fuente de energía más consumida del mundo es el petróleo. Tras las crisis de los años 70, su precio se ha incrementado considerablemente. Sin embargo, el consumo también ha mantenido la misma senda.

Hoy en día, el 80% del consumo mundial de petróleo se destina al transporte y en Euskadi, el 95% del transporte depende del petróleo. Este dato es de gran importancia a la hora de buscar alternativas, ya que el uso del vehículo particular está muy enraizado en la sociedad y, aunque existen alternativas viables –como el vehículo eléctrico, por ejemplo- aún no son muy habituales ni se han extendido al conjunto de la sociedad.

Recientemente, la coyuntura internacional ha favorecido una bajada del precio del barril de petróleo desconocida en años. Siendo bueno para la recuperación de las economías dependientes desde cierto punto de vista, por otro lado no contribuye al impulso de energías más limpias que son alternativas al petróleo.

Se considera que las reservas probadas de petróleo son muy grandes, y que hay certeza de que aumenten en el futuro. Además, pozos abandonados por su baja rentabilidad actual podrán ser recuperados una vez que el precio del petróleo suba.

Por todo ello, es razonable pensar que el petróleo no se agotará por falta de reservas y que debemos plantear la necesidad de reducir su consumo y las emisiones asociadas, ya que el planeta en su conjunto no las podría absorber.

El futuro energético de Euskadi

Por otro lado, es una energía escasa en nuestro entorno cercano, por lo que debe ser importada.

Junto a las consecuencias que ello tiene en la balanza de pagos, la propia situación de los países productores es un punto a tener en cuenta, ya que el conjunto de las reservas se concentra en reducidas regiones repartidas por el mundo, muchas de ellas con grandes niveles de inestabilidad.

Finalmente, resulta primordial modificar los hábitos de consumo de la ciudadanía y el modo en que gestionamos la energía en el día a día hacia un menor consumo, pero eso no se realizan de un día para otro.

Todas estas son las diferentes caras de la energía. En definitiva, aspectos más complejos de lo que, a priori, pueden parecer a simple vista al cargar el depósito del coche.

A partir de ahí, toda energía tiene ventajas y desventajas. Todas tienen aspectos positivos y negativos. Las necesidades diarias de energía las abastecemos a través de diversas fuentes energética, y entre todas ellas se forma el conocido como “mix energético”. El objetivo futuro en Euskadi es reducir paulatinamente el uso de energías fósiles y utilizar energías renovables más limpias. Sin embargo, no se trata de un tránsito que se pueda realizar de un día para otro.

Mientras tanto, será necesario el uso de fuentes energéticas “puente” que permitan abastecer la demanda (como, por ejemplo el gas natural), más limpio y con menores emisiones respecto del resto de energías fósiles, hasta el momento en el que el adelanto tecnológico permita la supremacía de las energías renovables.